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En Nigeria están asesinando a diario y despiadadamente a muchos cristianos.
Y no solo a cristianos : también los musulmanes se destrozan entre sí.
Por supuesto, no se trata de conflictos exclusivamente religiosos.
Pero negar la persecución que padecen los cristianos en Nigeria sería tan tendencioso como ignorar que algo parecido sucede en China.
Está claro que ser cristiano no significa ser pacifista, ni ingenuo, ni victimista.
Jesús abogó por la no violencia, pero estaba lejos de ser un pacifista ; y varios pasajes bíblicos lo dejan absolutamente claro.
En cualquier caso, todo indica que los cristianos nigerianos no están siendo existencialmente protegidos.
Y, por otra parte, no existe evidencia alguna de que ellos hayan conformado bandas armadas para hacer justicia por mano propia.
Dicho de otro modo, los esfuerzos del gobierno central no han sido el mejor ejemplo de monopolio legítimo de la fuerza.
Porque, en la práctica, el grupo islamista Boko Haram sigue haciendo de las suyas y, desde hace mucho, se ensaña a sus anchas contra los cristianos.
De paso, controla sin mayores obstáculos vastas regiones de las que extrae la riqueza necesaria para expandirse y preponderar.
Lo curioso es que Nigeria, como sociedad multicultural e inmensamente rica en recursos, dispone del ejército más poderoso de África.
Pero ese ejército tampoco ha sido el mejor exponente de contrainsurgencia exitosa.
Lo que pasa es que, tradicionalmente, los gobiernos nigerianos se han comportado como fieles aliados de los Estados Unidos.
Incluso, hace unos quince años, el gobierno Obama envió comandos especiales contra el grupo armado.
Pero regresaron con las manos vacías, con lo cual, los bandoleros se fortalecieron mucho más.
Y todo aquello, sobre la base de que Obama tenía muy claros los alcances y límites de la noción de interés nacional.
Por ejemplo, él amenazó al régimen sirio de Al Assad con que lo castigaría si osaba lanzar armas químicas contra su propio pueblo.
Pero cuando Al Assad lo desatendió, Obama tuvo que contenerse aduciendo que, en efecto, ese no era un asunto suyo.
Concluyó, en ese entonces, que si los EEUU comprometían sus Fuerzas por razones humanitarias que no tuvieran relación directa con su interés nacional, no habría presupuesto ni cantidad de tropas que fuesen suficientes.
Sin embargo, cuando Donald Trump llegó al poder por primera vez, prontamente ordenó bombardear posiciones sirias, resolviendo así la ecuación planteada por su antecesor.
Y hoy, al ocupar de nuevo la Casa Blanca, Trump ha vuelto a poner sobre el tapete, básicamente, la misma situación, esta vez en Nigeria.
« … Si el Gobierno continúa permitiendo el asesinato de cristianos, Estados Unidos suspenderá de inmediato toda la ayuda y asistencia a Nigeria, y podría entrar en ese país para aniquilar por completo a los terroristas islámicos que atacan a nuestros amados cristianos ».
Para dejarlo claro, ha sido suficientemente explícito, aún más que al referirse a la Venezuela de Nicolás Maduro : « Si atacamos, será un ataque rápido, brutal y contundente. »
De tal manera, ¿ se convierte también el gobierno norteamericano en guardián universal del cristianismo, lanzando ultimátums en clave civilizacional – confesional ?
¿ Pondría en riesgo la unidad con el gobierno de Abuya y las negociaciones sobre recursos escasos para dedicarse a proteger a las comunidades cristianas ?
Si él mismo se precia de ser el adalid de « La paz mediante la fuerza » y de haber resuelto ocho guerras en su condición de mediador, ¿ cómo explicar ahora estos impulsos cinéticos ?
En síntesis, ¿ cómo agenciar, por un lado, el fenómeno de reputación y credibilidad que él mismo ha generado al desplazar portaviones y submarinos nucleares en el Caribe ?
¿ Cuál es el objetivo que realmente persigue y cuánto está dispuesto a empeñar para conseguirlo ?
Y por otro lado, ¿ cómo despejará esta vez la ecuación estratégica basada en el dilema de Pete Hegseth, su Secretario de Guerra, consistente en que « … o el Gobierno nigeriano protege a los cristianos, o mataremos a los terroristas islámicos que están cometiendo estas horribles atrocidades » ?
En pocas palabras, ¿ cómo se las ingeniará ahora para demostrar la diferencia que existe entre las palabras y los hechos ?
vicentetorrijos.com

