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Desde temprano, las ideas políticas pueden llevarnos a la izquierda, o a la derecha pero, en todo caso, la actitud suele ser desafiante, provocadora y contestataria.
Es así como se consolidan la personalidad política, los roles ideológicos y los perfiles decisionales.
Eso significa que a medida que se logra la madurez participativa, la conducta política contenciosa va siendo remplazada por una más aplomada, mesurada y preservativa.
Las ideologías, ya sea que estén más a la izquierda o a la derecha, pueden mantenerse intactas, pero la actitud se transforma, incluso si en edades tempranas se comulgaba con unas y en la madurez se termina prefiriendo a otras.
Muchos colegas se han dedicado a estudiar estos asuntos con detenimiento y los hallazgos son cada vez más interesantes porque, al fin y al cabo, de eso depende buena parte de la estabilidad de los sistemas políticos, más allá de los modelos de gobierno con que operen.
Por supuesto, en toda esta cadena de transformaciones es necesario distinguir entre los efectos que produce la edad, el momento histórico que se está viviendo y el contexto cultural con el que nos sentimos identificados ( las percepciones que median entre el endogrupo y los diferentes exogrupos ).
De tal modo, se puede ver que en toda etnia, comunidad, o período histórico hay gente más radical o moderada tanto a la izquierda como a la derecha del espectro.
Incluso, si se acepta que hay ciertos rasgos de la convivencia que están asociados a ciertas ideologías, lo antedicho sigue siendo válido.
Por ejemplo, podría pensarse que la fe religiosa, el patriotismo, el matrimonio y los ingresos más altos identifican a la gente de derecha.
Eso podría tener mucho que ver con el hecho de que, al ir envejeciendo, la gente se inclina a votar por partidos de derecha y, así, tratar de mantener el statu quo, incluyendo todo aquello que se va obteniendo con el tiempo : bienes, redes familiares y sociales, influencia, poder, o miedo a morir en poco tiempo, y la necesidad de legar a los descendientes un patrimonio tanto material como inmaterial.
Pero también es cierto que, si se analizan con cuidado los rasgos de los autocaloficados como izquierdistas, muchos de ellos defienden y se identifican con todo aquello referente a “la tradición, la familia y la propiedad”.
Es por eso que, en el fondo, tampoco resulta sorprendente constatar que elevados porcentajes de votantes que se definen a sí mismos como de estrato alto terminan eligiendo a candidatos de izquierda ; y a la inversa.
En otras palabras, aquella reflexión atribuida a Winston Churchill puede ser más o menos respaldada, pero vale la pena manejarla como detonante del debate : « Cualquier hombre que tenga menos de 30 años y no sea liberal, no tiene corazón ; y cualquier hombre que tenga más de 30 años y no sea conservador, no tiene cerebro. »
En resumen, el problema de la estabilidad de los sistemas políticos y su prosperidad no parece radicar en las ideologías como tales sino, probablemente, en cómo el contexto radicaliza a los individuos y grupos ( ya sean simpatizantes de la izquierda o la derecha ) rompiendo así la tendencia natural a ser más conservadores ( conservadurismo creativo ) a medida que se va envejeciendo, que es cuando, justamente, aparecen más valores, estructuras y entramados sociales que defender.
Por eso, los magistrados, los periodistas, los sacerdotes, los profesores, los empresarios y los dirigentes tienden a ser más conservadores ( aunque unos sean más innovadores que otros ) a medida que alcanzan la madurez personal y política.
En cambio, cuando un joven ( que, como ya se dijo, normalmente es contestatario, provocador y desafiante ) no evoluciona hacia ese conservadurismo creativo y, por el contrario, se radicaliza haciéndose un sectario y extremista, los sistemas políticos entran en declive, decadencia y aceptación de la violencia como metodología política válida.
En suma, tales sociedades se convierten en el paraíso de la degradación, la iniquidad y el puro y simple resentimiento, origen de todos los males.
vicentetorrijos.com

