
Turismo en Colombia proyecta un crecimiento sostenido y consciente en la temporada de mitad de año
24 junio, 2025
Defensa de Miguel Uribe Turbay presenta denuncia contra Petro ante la Comisión de Acusación
24 junio, 2025El ‘Zorzal criollo’ cayó en Medellín, pero su canto no se detuvo. Nueve décadas después, su legado trasciende generaciones, escenarios y fronteras.
Hace exactamente 90 años, el mundo del tango sufrió una pérdida irreparable. El 24 de junio de 1935, un accidente aéreo en el aeropuerto Olaya Herrera de Medellín acabó con la vida de Carlos Gardel, el mayor ídolo de la canción rioplatense. Su partida temprana, a los 44 años, lo convirtió en leyenda. Desde entonces, su imagen elegante, su voz profunda y su inmenso legado musical no han dejado de multiplicarse. “El tango es tristeza que se baila”, decía Gardel. Con su muerte, ese lamento tomó cuerpo y se convirtió en mito.
Aunque es recordado principalmente como cantante, Gardel fue también un pionero del cine musical en español. Protagonizó más de una docena de películas entre Argentina, Francia y Estados Unidos. Producciones como Cuesta abajo, El día que me quieras y Melodía de arrabal no solo lo inmortalizaron como artista, sino que llevaron su voz y su figura a nuevas audiencias en América y Europa. En ellas no solo cantaba: interpretaba personajes melancólicos, galantes y apasionados que lo acercaban aún más a un pueblo que lo admiraba.
Con el paso de las décadas, Gardel se volvió una figura casi sagrada. Su biografía se llenó de versiones, mitos y teorías. Una de las más comentadas fue revivida en la película Sus ojos se cerraron, dirigida por Jaime Chávarri, donde se plantea, como recurso narrativo, la posibilidad de que Gardel no hubiera muerto en Medellín y fuera suplantado por otro hombre. La ficción juega con la idea del ídolo que sobrevive oculto, un eco del deseo colectivo de que figuras como Gardel nunca desaparezcan del todo. “Yo no canto por cantar: canto porque lo siento”, decía él mismo. Y eso, quizás, es lo que hace que tantos se resistan aún a dejarlo ir.
Hoy, nueve décadas después de su muerte, su voz sigue siendo un puente emocional entre generaciones. Sus canciones suenan en milongas, conciertos, series, documentales y películas. Ha sido versionado en todos los estilos imaginables, desde la música clásica hasta el rock, y su figura aparece en murales, estatuas y camisetas. Gardel no solo cantó el tango, lo transformó en patrimonio. Como alguna vez dijo: “El que ha vivido en el arrabal nunca lo olvida. Y yo viví para cantarlo”.
Medellín, ciudad donde encontró la muerte, ha asumido el papel de guardiana de su legado. Desde este 24 y hasta el 30 de junio, la capital antioqueña celebra el Festival Internacional de Tango, una cita anual que en esta edición tiene como eje los 90 años de la desaparición del ídolo. Conciertos gratuitos, milongas al aire libre, exposiciones, foros académicos, clases de baile, cine y encuentros comunitarios, se toman plazas, teatros y barrios tradicionales. La ciudad también ha dispuesto ofrendas florales en la pista del aeropuerto Olaya Herrera y actividades especiales en la Casa Museo Gardeliana, en el barrio Manrique.
A noventa años de aquel trágico vuelo, Carlos Gardel no es solo un recuerdo: es una voz que aún resuena, una emoción que perdura y un legado que Medellín —y buena parte del mundo— continúa celebrando con admiración. Su historia nos enseñó que hay voces que no se apagan: simplemente trascienden el tiempo y se convierten en eternas.
Juan Joya




