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30 marzo, 2026¿Qué busca Washington con esta nueva etapa?
La reapertura de la embajada de Estados Unidos en Caracas, anunciada este lunes 30 de marzo, marca el cierre de un capítulo que comenzó en 2019, cuando ambos países rompieron relaciones diplomáticas. Siete años después, Washington vuelve a tener presencia formal en Venezuela, en un momento político completamente distinto al de entonces.
El contexto es clave para entender el giro. A comienzos de marzo, Estados Unidos y el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez restablecieron relaciones, tras la operación militar de enero que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos por presunto narcotráfico. Ese hecho cambió el tablero político venezolano y abrió la puerta a una nueva etapa de interlocución directa.
Desde Washington, el mensaje fue claro: “Hoy retomamos formalmente las operaciones en la Embajada de Estados Unidos en Caracas, lo que marca un nuevo capítulo en nuestra presencia diplomática en Venezuela”. La decisión, según el Departamento de Estado, hace parte de un plan más amplio de la administración de Donald Trump para estabilizar el país y encaminarlo hacia una recuperación económica.
Durante los años de ruptura, la relación no desapareció del todo, pero se manejó a distancia. La diplomacia estadounidense operaba desde Colombia, lo que limitaba su capacidad en territorio venezolano. Ahora, con la reapertura, se busca volver a tener presencia directa en Caracas y reconstruir canales institucionales que estuvieron congelados durante años.
Ese proceso ya empezó, aunque de forma gradual. Un pequeño equipo de diplomáticos estadounidenses lleva más de un mes en Caracas preparando el regreso completo. La misión está encabezada por Laura Dogu, encargada de negocios, quien lidera la adecuación del edificio de la embajada, cerrado durante años y que todavía requiere trabajos antes de funcionar a plena capacidad. Por ahora, los servicios consulares, como visas, siguen sin fecha de reactivación.
Al mismo tiempo, también hay movimientos del lado venezolano. Una delegación oficial viajó recientemente a Washington para retomar el control de su embajada, que estaba bajo custodia. Este intercambio muestra que el restablecimiento no es simbólico, sino operativo, con ambas partes reconstruyendo sus canales diplomáticos.
La reapertura no llega sola. Hace parte de una estrategia más amplia que incluye tres fases: estabilizar el país tras la salida de Maduro, impulsar su recuperación económica —con participación de empresas estadounidenses, especialmente en el sector petrolero— y avanzar hacia una eventual transición política. Sin embargo, todavía no hay claridad sobre los tiempos ni sobre cómo se concretaría ese último paso.
En paralelo, Estados Unidos ajustó sus recomendaciones de viaje. Eliminó la alerta de “no viajar” a Venezuela, aunque mantiene advertencias por problemas de seguridad y del sistema de salud. Es una señal de cambio, pero no de normalidad plena.
Para Colombia, este movimiento también tiene lectura propia. Durante años, el país fue el principal punto de referencia de Estados Unidos frente a Venezuela. Ahora, con el regreso de la embajada a Caracas, ese rol cambia y se reconfigura la dinámica regional, en temas clave como migración, seguridad y economía.
En la práctica, lo que empieza es una etapa de reconstrucción. La embajada vuelve a abrir, pero el proceso apenas arranca. La relación entre ambos países entra en una fase distinta, todavía en desarrollo, marcada por intereses estratégicos, ajustes políticos internos en Venezuela y un contexto regional que sigue en movimiento.
Juan Joya




