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12 noviembre, 2025Más de 16.000 estudiantes pasaron por el aro de la “Educación Complementaria”. La Alcaldía clausura su programa estrella con un festivo espectáculo donde se expusieron, cual feriado de muestras, los “talentos” del sistema. ¿Estamos formando artistas y científicos o simplemente decorando el currículum de la ciudad?
Medellín – En un derroche de color y sonido, perfectamente coreografiado, la Alcaldía de Medellín bajó el telón de su Estrategia de Educación Complementaria 2025. El acto, una puesta en escena que reunió a más de 400 personas entre estudiantes, docentes y aliados, funcionó como el escaparate final de un programa que, según las cifras oficiales, benefició a 16.468 alumnos durante el año. La retórica institucional, pulcra y optimista, presentó el evento como la coronación de un proceso exitoso. Sin embargo, tras la fachada de la celebración, surgen preguntas incómodas sobre la naturaleza real de estas pedagogías del espectáculo.
El recorrido experiencial por las estaciones de coro, teatro, robótica o inglés era, en esencia, un catálogo viviente. Cada stand, una celda temática donde el talento juvenil era clasificado y expuesto. La estrategia promueve el desarrollo integral a través de experiencias que fortalecen competencias, proclama el discurso oficial. Uno no puede evitar preguntarse si este “desarrollo integral” no será, en realidad, la producción en serie de habilidades empaquetables, listas para ser consumidas en un informe de gestión. La creatividad, domesticada y puesta al servicio de la métrica, se convierte en un ítem más para la hoja de vida de la ciudad.
La voz de los protagonistas, a veces, delata más de lo que la institución quisiera. Camilo Pardo, estudiante de la I. E. Mariscal Robledo, lo resumió con la ingenuidad que corta como un cuchillo: «Me pareció muy chévere, ya que hay muchos talentos y colegios que desarrollan grandes actividades para Medellín. Hoy presenté robótica, con un robot que era una propuesta para mejorar el sistema académico que tenemos». En su entusiasmo, Camilo lanza un dardo envenenado: un robot para “mejorar el sistema académico” presentado en una feria que es, en sí misma, un producto de ese mismo sistema. La paradoja es tan brillante que duele: se utiliza la tecnología, fomentada por el programa, para criticar o mejorar la estructura que la hace posible. ¿Alguien en la Alcaldía escuchó la propuesta detrás del show?
No se discute el valor intrínseco de sacar a un niño de un aula tradicional para ponerlo a bailar o a programar. El peligro reside en la instrumentalización. Cuando la educación complementaria se convierte en un evento de clausura, su éxito se mide por la asistencia y el impacto visual, no por la profundidad del aprendizaje. Las 16.468 plazas son un número impresionante para una presentación de power point, pero ¿cuántas de esas experiencias lograron fisurar los modelos rígidos de pensamiento? ¿O acaso estamos ante una nueva forma de adoctrinamiento light, donde se enseña a los jóvenes a exhibir sus destrezas sin cuestionar el marco que las enmarca?
La Alcaldía de Medellín puede sentirse satisfecha. Ha demostrado que puede movilizar, organizar y mostrar. El evento de clausura fue, sin duda, un éxito logístico. Pero la verdadera prueba, aquella que no se resuelve en un día de fiesta, es si estas semillas de creatividad podrán crecer fuera del invernadero institucional o si, por el contrario, quedarán para siempre como un bonito recuerdo en las fotografías de un acto oficial.
Humberto ‘Toto’ Torres




