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Cada 13 de febrero se conmemora el Día Mundial de la Radio, una fecha proclamada por la UNESCO para recordar la creación de la Radio de las Naciones Unidas en 1946. La efeméride no solo celebra la trayectoria de uno de los medios más influyentes del último siglo; también resalta su papel como herramienta de información confiable, compañía cotidiana y puente cultural entre comunidades. En 2026, la conmemoración adquiere un matiz especial en medio del debate sobre inteligencia artificial, automatización de contenidos y consumo digital bajo demanda.
La radio nació como una innovación tecnológica que transformó la manera de recibir noticias y entretenimiento. Con el paso de las décadas, se consolidó como un medio cercano, capaz de llegar a territorios apartados y acompañar jornadas laborales, madrugadas y noches de insomnio. En Colombia, su historia tiene fechas emblemáticas: el 5 de septiembre de 1929, con la primera emisión de la emisora HJN; el 1 de febrero de 1940, con la fundación de Radio Nacional de Colombia; y el 24 de marzo, Día del Locutor. Son hitos que explican por qué la radio está inserta en la memoria colectiva del país.
A los 80 años de la declaración de la Unesco, reflexionamos sobre cómo este medio centenario enfrenta la expansión de la inteligencia artificial y las plataformas digitales. Se ha planteado que la radio está llamada a integrar nuevas herramientas tecnológicas sin perder su identidad humana. El reto no es menor: la automatización permite producir contenidos con mayor rapidez, pero la esencia radial ha estado históricamente ligada a la voz, al criterio editorial y a la capacidad de interpretar la realidad con contexto.
La radio colombiana ha demostrado resiliencia frente a cada transformación tecnológica. Sobrevivió a la llegada de la televisión, se adaptó a la FM, incorporó transmisiones en línea y hoy convive con pódcast y plataformas de streaming. La señal tradicional sigue siendo, en muchas regiones, la principal fuente de información inmediata. Esa cercanía explica por qué, pese al auge de algoritmos y contenidos personalizados, la radio conserva una audiencia fiel que la reconoce como espacio de credibilidad y acompañamiento.
En tiempos de sonido digital de alta definición y asistentes virtuales, el desafío no es meramente técnico; también es narrativo y ético. La radio enfrenta la tarea de mantener su carácter humano en un entorno donde las voces pueden ser sintetizadas y los guiones generados por sistemas automatizados. La confianza del oyente, construida durante décadas, se convierte en un activo central en un ecosistema mediático marcado por la sobreinformación.
Como cadena radial con 36 años en sintonía con nuestro público, no nos basta con mirar al pasado. Aunque estamos en la era de la inteligencia artificial y la distribución multiplataforma, la radio sigue siendo una conversación en tiempo real, una voz que acompaña y una memoria sonora que evoluciona sin perder su raíz. La tecnología cambia, los formatos se transforman, pero la esencia de contar y escuchar historias permanece y es lo que nos identifica.
Juan Joya




