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4 marzo, 2026Cada 4 de marzo se conmemora una fecha que ha experimentado un giro conceptual en distintos países. Lo que durante años fue promovido como el Día Mundial de la Obesidad hoy es reivindicado por colectivos internacionales como el Día Mundial contra la Gordofobia, una jornada que desplaza el énfasis médico tradicional hacia la denuncia de la discriminación estructural por peso.
El nuevo enfoque busca centrar el debate en el estigma, la exclusión y las violencias simbólicas que enfrentan las personas con cuerpos diversos, tanto en ámbitos sociales como laborales, educativos y sanitarios.
Un manifiesto internacional que resignifica la fecha
El 4 de marzo de 2022, activistas antigordofobia, personas gordas y colectivos de neutralidad corporal de distintos países publicaron un manifiesto conjunto para resignificar la jornada. En el documento sostienen que el antiguo nombre patologizaba sus cuerpos y apariencias, y afirman que la nueva denominación reivindica la autonomía corporal y la liberación individual y colectiva.
El texto plantea que la gordofobia constituye un sistema de opresión estructural que coloca a las personas gordas en desventaja, reproduciendo exclusión e injusticia de forma sistemática. Según el manifiesto, este fenómeno se sustenta en códigos morales y en dinámicas ideológicas asociadas al neoliberalismo, que reducen la salud a decisiones individuales y desconocen factores sociales y contextuales.
Del enfoque clínico al enfoque social
Mientras el Día Mundial de la Obesidad ha estado históricamente ligado a campañas de salud pública enfocadas en la prevención y el tratamiento clínico, el Día Mundial contra la Gordofobia propone ampliar la discusión. El debate deja de centrarse exclusivamente en el peso corporal como problema médico y se enfoca en las consecuencias sociales del estigma asociado al cuerpo.
Organizaciones y activistas sostienen que la discriminación por peso se manifiesta en burlas, exclusión, barreras de acceso a servicios y trato desigual, incluso dentro del sistema de salud. Según el manifiesto, la narrativa dominante que presenta la gordura como epidemia invisibiliza el impacto emocional y psicológico que genera la estigmatización.
En el documento se advierte que esta visión puede contribuir al desarrollo de trastornos del estado de ánimo, ansiedad generalizada y afectaciones en la autoestima, en un contexto donde los cuerpos gordos son rechazados o considerados moralmente fallidos.
Salud, obesidad y el papel de la OMS
Uno de los puntos centrales del manifiesto es la discusión sobre la categoría de “obesidad”. Los firmantes sostienen que la medicina ha utilizado este término para patologizar corporalidades diversas y subrayan que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no define la obesidad como una enfermedad en sí misma, sino como un factor de riesgo asociado a determinadas patologías.
Asimismo, argumentan que la salud no puede reducirse al peso o al tamaño corporal, y que es posible mejorar indicadores de bienestar sin necesariamente perder peso. El manifiesto insiste en que perder peso no garantiza salud y que existen múltiples determinantes —sociales, económicos y ambientales— que influyen en ella.
Críticas al Índice de Masa Corporal (IMC)
El documento también cuestiona el uso del Índice de Masa Corporal (IMC) como herramienta diagnóstica. Recuerda que la fórmula fue creada por el matemático belga Adolphe Quetelet en el siglo XIX y que no fue concebida originalmente como instrumento clínico.
Según el manifiesto, el IMC se basa únicamente en peso y altura, sin considerar variables como densidad ósea, masa muscular o composición corporal, y ha sido aplicado de manera generalizada en poblaciones diversas, pese a sus limitaciones históricas y metodológicas.
También se menciona que en 1998 el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos modificó los criterios de clasificación del “peso saludable”, lo que implicó que millones de personas fueran reclasificadas como con sobrepeso, situación que —según los activistas— tuvo implicaciones económicas y aseguradoras.
Denuncias sobre prácticas médicas y barreras de atención
El manifiesto denuncia que, en consultas médicas, muchas personas gordas reciben recomendaciones de pérdida de peso antes de un diagnóstico integral, lo que puede retrasar tratamientos adecuados. También cuestiona la promoción de cirugías bariátricas como solución integral para problemas físicos y emocionales, y rechaza la normalización de disciplinas como la psicología bariátrica cuando, según el documento, atribuyen malestares psicológicos exclusivamente al tamaño corporal.
Entre las denuncias se señala que algunas recomendaciones médicas incluyen prácticas que, en personas delgadas, podrían asociarse a trastornos de la conducta alimentaria, como conteo obsesivo de calorías o ayunos prolongados.
Una discusión que cruza derechos humanos y salud pública
El manifiesto concluye que la discriminación por peso vulnera múltiples derechos humanos y que la gordofobia aún no está tipificada de forma específica en muchos países, quedando bajo categorías generales como discriminación estética.
Desde 2022, los colectivos que impulsan esta resignificación consideran oficialmente el 4 de marzo como el Día Mundial contra la Gordofobia. La fecha se consolida como un espacio de reflexión sobre diversidad corporal, derechos, salud integral y políticas públicas inclusivas, en medio de un debate que sigue generando posiciones encontradas entre activistas y sectores médicos.
Así, el 4 de marzo se convierte en una jornada que no solo interpela al sistema sanitario, sino también a la cultura, los medios y las instituciones, en torno a cómo se construyen las narrativas sobre el cuerpo y la salud en las sociedades contemporáneas.
Sala Digital Colmundo




