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3 marzo, 2026El conflicto en Oriente Medio entró en una nueva fase ayer tras un ataque con drones contra la Embajada de Estados Unidos en Riad, Arabia Saudita, que desató advertencias de represalias por parte de la Casa Blanca y profundizó la escalada de violencia en la región. El ataque marca un punto crítico en la tensión entre Washington y Teherán.
En la madrugada de este martes, dos drones alcanzaron el edificio de la Embajada de Estados Unidos en la capital saudita, provocando un pequeño incendio y daños materiales limitados, según confirmó el Ministerio de Defensa de Arabia Saudita. No se reportaron víctimas, ya que la sede estaba vacía al momento del impacto. El atentado no dejó víctimas, pero elevó la alerta diplomática y militar.
La misión estadounidense en Riad emitió una alerta para que los ciudadanos se refugiaran en sus residencias en ciudades como Riad, Yeda y Dahran, y canceló actividades diplomáticas mientras se evaluaba la seguridad. Estados Unidos activó protocolos de emergencia para proteger a su personal y ciudadanos.
La acción fue atribuida, de forma no oficial, a drones de origen iraní, en el marco de una cadena de ataques con misiles y artefactos no tripulados dirigidos contra objetivos estadounidenses y aliados en el Golfo Pérsico. Las sospechas apuntan a una escalada directa vinculada a Irán.

Ante el incidente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró en una entrevista que la respuesta estadounidense será anunciada “pronto”. El mandatario no detalló las medidas concretas que se tomarán, pero planteó que la acción de Washington podría incluir represalias directas contra Irán, dejando abierta la posibilidad de enviar tropas “si es necesario”. La Casa Blanca no descarta una acción militar directa como respuesta.
La Casa Blanca ha buscado como prioridad la protección de sus diplomáticos y población civil en la región, emitiendo órdenes de evacuación y restricciones de viaje en más de una docena de países del Medio Oriente ante el aumento de amenazas. Las medidas de seguridad se han intensificado en varios países de la región.
Arabia Saudita, por su parte, condenó el ataque como una violación del derecho internacional y afirmó que se reserva el derecho de responder para proteger su seguridad nacional. Riad calificó el hecho como una violación grave y advirtió posibles acciones.

La atención internacional también está puesta en Washington, donde el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ofreció una rigurosa defensa de la campaña militar estadounidense contra Irán durante una rueda de prensa en el Pentágono. Hegseth describió la ofensiva, bautizada como Operación “Furia Épica”, como una campaña “clara, devastadora y decisiva” dirigida a neutralizar las capacidades militares de Teherán, en particular misiles balísticos, drones y la marina iraní. El Pentágono defendió la ofensiva como una operación estratégica y contundente.
El jefe del Pentágono rechazó que la misión implique una intervención prolongada como las guerras en Irak o Afganistán, señalando que no se trata de una campaña de “cambio de régimen”, aunque reconoció que ese resultado ya se ha producido en parte con la eliminación del líder supremo iraní. Washington insiste en que no busca una guerra prolongada ni un cambio formal de régimen.
Durante la conferencia, se confirmó la muerte de cuatro militares estadounidenses en combate y la pérdida de tres cazas F-15, hechos que las autoridades describieron como parte de un conflicto de “mayor intensidad”, con posibles futuras bajas. El conflicto ya deja víctimas y pérdidas militares significativas.
Hegseth insistió en que no hay plazos definidos públicamente para la operación militar, rechazando comparaciones con conflictos prolongados y subrayando que la duración y el alcance dependerán de las decisiones del presidente Trump. La duración de la operación dependerá de la evolución del conflicto y de la Casa Blanca.
El ataque a la sede diplomática se produce en un contexto de intensos choques militares entre Irán, sus aliados y fuerzas estadounidenses e israelíes. La guerra ha traspasado fronteras, con bombardeos en Kuwait, Emiratos Árabes Unidos e incluso ofensivas de Israel en Líbano tras la intervención de grupos como Hezbolá. La confrontación se ha expandido a varios países del Golfo y el Levante.
El cierre de espacios aéreos, el aumento de los precios del petróleo y las evacuaciones masivas de ciudadanos extranjeros reflejan una creciente inestabilidad regional con repercusiones globales, mientras líderes internacionales piden contención para evitar una guerra aún más amplia. La crisis ya tiene impacto económico y geopolítico a escala mundial.
Paola Andrea Martínez Burgos




