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El Hospital Universitario Nacional de Colombia (HUN), un centro vital para la salud en la capital, ha levantado una seria alerta contra su vecino, el Centro Cultural Vive Claro, debido al ruido ensordecedor que generan los conciertos masivos. Esta situación, mas allá de verse como una simple molestia, se ha convertido en un problema de salud pública que está afectando directamente la recuperación de los pacientes y el trabajo del médico personal, según ha documentado la institución. El clamor se ha sumado al de la comunidad vecinal, creando un frente de presión que exige soluciones definitivas e inmediatas a las autoridades.
El corazón del conflicto es la incompatibilidad de decibeles. El Hospital Nacional ha realizado y comisionado estudios técnicos que confirman la violación sistemática de los límites de ruido establecidos por la ley para zonas hospitalarias. Un informe de la Universidad Nacional, posterior a un concierto específico, reveló que las mediciones en puntos críticos del hospital superaron los 50 decibeles permitidos en el horario nocturno, llegando incluso a registrarse entre 77,5 y 82 decibeles LAeq. Estos niveles, comparables a los de un tráfico pesado o una maquinaria ruidosa, sobrepasan incluso los topes fijados para el mismo espectáculo.
El impacto directo se siente en las habitaciones y salas de cirugía. Los informes indican que un abrumador 80 por ciento de los pacientes no logra conciliar el sueño o descansar adecuadamente, mientras que cerca del 75 por ciento reporta sentir vibraciones provenientes del centro de eventos. Para pacientes en recuperación prolongada o aquellos que requieren ambientes de tranquilidad absoluta, esta interferencia acústica y vibratoria representa un riesgo real para su estabilidad clínica.
El dilema se agudiza al revisar los criterios bajo los cuales se permitió la operación del centro de eventos en un lugar tan cercano a una infraestructura hospitalaria crítica. La licencia de funcionamiento parece haber minimizado la sensibilidad del entorno, un factor que ahora se traduce en quejas recurrentes.
La problemática trasciende las paredes del hospital. La comunidad vecinal se ha unido a las denuncias, buscando vías legales para mitigar las afectaciones. Los residentes buscan interponer una acción popular para frenar los eventos ante el constante incumplimiento de los límites de ruido. Sus reclamos se centran en la interrupción del descanso, el caos vehicular que impide el acceso a sus hogares y la acumulación de residuos tras cada espectáculo. El seguimiento institucional del HUN también documentó estas afectaciones logísticas, incluyendo interferencias en la movilidad que obstaculizan el acceso de ambulancias y médico personal.
La gravedad del panorama ha movilizado a figuras políticas, que exigen una acción decisiva de la Administración Distrital. El Concejal José Cuesta Novoa ha tomado una postura radical, exigiendo una medida drástica y sin dilataciones. Sus palabras apuntan directamente a la incompatibilidad de las actividades:
El cabildante José Cuesta Novoa exige el cierre inmediato del Coliseo Vive , argumentando la incompatibilidad de la operación del centro de eventos con la función asistencial del Hospital Nacional.
A pesar de meses de diálogos en mesas de trabajo que han involucrado a la Alcaldía Mayor, secretarías clave (Salud, Ambiente y Movilidad), y los operadores del escenario (OCESA y Armadillo SAS), el Hospital Nacional es enfático: no existe una “solución estructural” que detenga las afectaciones.
Los operadores de Vive Claro han respondido prometiendo “ajustes técnicos” y manteniendo una puerta abierta al diálogo. No obstante, el Hospital Nacional mantiene la presión, exigiendo la entrega de los informes técnicos completos (como el del Laboratorio ADES) para su validación bajo la normativa colombiana (Resolución 0627), asegurando que los estudios presentados hasta ahora se basan en parámetros internacionales inapropiados. El mensaje del HUN es claro: sin un plan de mitigación integral y efectivo, los derechos de los pacientes a la tranquilidad y la salud seguirán vulnerados, mientras que la crisis persista en las inmediaciones del hospital.
Juan Joya




