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8 agosto, 2025Con más de 50 expositores, el evento propone un encuentro de saberes y resistencias en Cartagena.
Este viernes 8 de agosto, la “Expo Indígena 2025: Tres Pueblos, Un Territorio” abrirá sus puertas de 11 a. m. a 7 p. m. en el Centro de Convenciones de Bocagrande, en Cartagena. Enmarcado en la conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, el evento congregará a delegaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, la Amazonia y la Orinoquía con el fin de exaltar la riqueza cultural, la resistencia histórica y los saberes ancestrales que habitan este país. Los organizadores definen la exposición como “el evento que busca dignificar a las comunidades étnicas en Cartagena”, y señalan que cada uno de sus componentes –artesanía, gastronomía, medicina ancestral y espacios de diálogo– responde al propósito de visibilizar el legado vivo de estos pueblos.
A lo largo de ocho horas continuas, más de cincuenta emprendedores indígenas presentarán sus productos bajo un mismo techo. Entre tejidos de fibras naturales, cerámicas rústicas y tallas en madera, los visitantes encontrarán artículos que, según los artesanos, incorporan símbolos y técnicas ancestrales transmitidas de generación en generación. En paralelo, la oferta gastronómica permitirá degustar platos elaborados con insumos autóctonos como yuca brava, maíz criollo y hierbas endémicas, en versiones que buscan mostrar cómo los sabores tradicionales pueden dialogar con la cocina contemporánea sin perder autenticidad.
En el recinto, un espacio dedicado a la medicina ancestral brindará la oportunidad de consultar gratuitamente con sabedores y sabedoras tradicionales. Con hierbas recogidas en sus territorios y rituales que integran canto y fumigaciones herbales, estos guías espirituales ofrecen terapias que “restablecen el equilibrio entre el cuerpo, la mente y el entorno natural”. Para muchos de los asistentes, estas prácticas no son solamente una experiencia cultural, sino también una alternativa complementaria en materia de salud y una ventana para comprender la cosmovisión indígena sobre el bienestar humano.
Las presentaciones culturales se alternarán en una tarima central y otros escenarios improvisados bajo toldos. Grupos wayúu ejecutarán danzas de cuchara, acompañadas de tambores y flautas, mientras recitadores nasa y kankuama relatarán historias de resistencia y renovación de sus pueblos. Asimismo, se han programado conversatorios sobre la defensa del territorio, la protección del medio ambiente y la recuperación de las lenguas originarias, moderados por académicos y líderes comunitarios que apuestan por combinar investigación y experiencia vivida.
Los coordinadores estiman un aforo superior a 3 000 visitantes y un movimiento económico cercano a 150 millones de pesos durante la jornada. Paralelamente, se promoverá la firma de acuerdos de cooperación entre universidades locales y asociaciones indígenas para impulsar proyectos de investigación y planes de fortalecimiento empresarial comunitario. De esta manera, la Expo Indígena pretende trascender el carácter efímero de una feria para convertirse en un motor de sostenibilidad a largo plazo, tanto en términos de conservación cultural como de desarrollo económico.
Pese a su ambición, el encuentro enfrenta retos significativos. La capacidad de mercado de los emprendedores indígenas sigue limitada por barreras logísticas, falta de apoyo técnico y desconocimiento del gran público sobre el valor agregado que ofrecen sus productos. Además, algunos sectores alertan sobre el riesgo de mercantilizar excesivamente elementos sagrados de las culturas indígenas, diluyendo su significado original en aras de la demanda turística. Aun así, los gestores del evento aseguran que este tipo de espacios funciona como escuela de formación para mejorar la calidad de los productos y fortalecer el sentido de comunidad.
En contrapeso a la celebración y el entusiasmo, resulta imprescindible reflexionar sobre el delicado equilibrio entre la promoción cultural y la protección de los patrimonios vivos. Si bien el evento abre una ventana para reconocer la diversidad y la riqueza ancestral, también plantea la pregunta de cómo garantizar que los beneficios económicos lleguen realmente a las bases comunitarias y no terminen concentrados en intermediarios. Más allá de cifras y actividades, el desafío reside en mantener la voz y el protagonismo de los pueblos originarios, de modo que su resistencia histórica no se convierta en un atractivo efímero, sino en un cimiento firme para su autodeterminación futura.
Juan Joya




