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14 febrero, 2026El trastorno de pánico es una alteración de ansiedad que se manifiesta con episodios repentinos de miedo intenso, aun cuando no exista un peligro real. Según explica el portal especializado MedlinePlus, estos ataques pueden comenzar de forma inesperada y alcanzar su punto máximo en pocos minutos, generando una sensación abrumadora de angustia. Aunque el episodio suele ser breve, el impacto emocional puede extenderse durante horas o incluso días, especialmente por el temor constante a que vuelva a repetirse.
De acuerdo con el portal de salud, no hay una causa única identificada, pero influyen factores biológicos, antecedentes familiares y situaciones de estrés significativo. El trastorno puede aparecer en la adolescencia o en la adultez temprana, y es más frecuente en mujeres. En algunos casos, experiencias traumáticas o periodos prolongados de presión emocional pueden actuar como detonantes. Sin tratamiento, los ataques pueden volverse más recurrentes y afectar de manera importante la calidad de vida.
Uno de los aspectos más alarmantes es que los síntomas físicos suelen confundirse con enfermedades graves, como problemas cardíacos. Durante un ataque de pánico, el cuerpo reacciona como si estuviera ante una amenaza real, lo que provoca manifestaciones intensas y repentinas. Entre los síntomas más comunes se encuentran:
· Palpitaciones o latidos acelerados del corazón
· Dolor o presión en el pecho
· Sensación de falta de aire o dificultad para respirar
· Sudoración excesiva
· Temblores o sacudidas
· Mareo o sensación de desmayo
· Náuseas o malestar abdominal
· Escalofríos o sofocos
· Entumecimiento u hormigueo
· Sensación de irrealidad
· Miedo intenso a perder el control o a morir

Más allá del episodio en sí, el trastorno puede generar cambios importantes en la conducta. Muchas personas comienzan a evitar lugares o situaciones donde creen que podrían sufrir otro ataque, como centros comerciales, transporte público o reuniones sociales. Esta conducta de evitar situaciones puede llevar al aislamiento y afectar el desempeño laboral, académico y familiar; especialistas señalan que el miedo anticipado termina siendo una carga constante que limita la vida cotidiana.
Para establecer el diagnóstico, los profesionales de la salud realizan una evaluación clínica completa y descartan otras enfermedades que puedan provocar síntomas similares. No existe una prueba específica que confirme el trastorno de pánico, por lo que el análisis se basa en la descripción de los episodios y en la frecuencia con que ocurren. Identificar el problema de manera temprana es fundamental para iniciar un tratamiento adecuado y evitar complicaciones emocionales adicionales.
El tratamiento suele combinar terapia psicológica y, en algunos casos, medicamentos. La terapia cognitivo-conductual ayuda a la persona a comprender sus pensamientos y a desarrollar herramientas para manejar la ansiedad. Algunos fármacos pueden reducir la intensidad y frecuencia de los ataques, mientras que hábitos saludables como dormir bien, limitar la cafeína y practicar ejercicio refuerzan la recuperación. Finalmente, los expertos destacan que con apoyo profesional y acompañamiento oportuno, es posible controlar el trastorno y recuperar la estabilidad.
Dayineth Isabel Molina Velásquez




