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21 febrero, 2026La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta el cerebro y provoca problemas en el movimiento, el sueño y otras funciones básicas del cuerpo. No existe una cura definitiva, aunque los tratamientos pueden ayudar a aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida y esta condición se da con más frecuencia en personas mayores, aunque también puede aparecer en adultos jóvenes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que tanto la discapacidad como las muertes relacionadas con esta enfermedad están creciendo rápidamente. Además, el acceso a tratamientos puede ser limitado en países con menos recursos, lo que agrava la carga para los afectados y sus familias. Los síntomas de esta enfermedad pueden variar de una persona a otra, pero existen signos comunes que suelen aparecer y empeorar con el tiempo. Entre los más frecuentes se encuentran:
- Lentitud de movimientos.
- Temblor.
- Movimientos involuntarios.
- Rigidez.
- Dificultad para andar.
- Pérdida del equilibrio.
Además, también se presentan síntomas que no están relacionados directamente con el movimiento que pueden afectar la vida diaria tanto como los síntomas físicos. Algunos de ellos son:
- Deterioro cognitivo.
- Trastornos mentales.
- Demencia.
- Trastornos del sueño.
- Dolor.
- Alteraciones sensoriales.
Especialistas señalan que vivir con Parkinson implica adaptarse a cambios constantes y a un tratamiento multidisciplinario. Los medicamentos como la levodopa ayudan a aumentar los niveles de dopamina en el cerebro y reducen algunos síntomas. También se pueden usar otros fármacos y, en casos seleccionados, técnicas como la estimulación cerebral profunda. La rehabilitación con fisioterapia y terapia ocupacional se considera esencial para preservar la funcionalidad todo el tiempo posible. Según la OMS, estas terapias pueden ayudar a mantener la movilidad, reducir los riesgos de caídas y aliviar síntomas que dificultan la vida cotidiana.
Recientemente, expertos en medicina del deporte y organizaciones especializadas han resaltado la importancia del ejercicio físico adaptado para personas con Parkinson. Estudios recientes y nuevas guías recomiendan incluir actividades deportivas estructuradas que favorezcan no solo los síntomas motores, sino también la salud mental y la calidad de vida general. Los expertos destacan que el ejercicio, cuando se adapta a las necesidades individuales del paciente, puede ayudar a preservar habilidades, mejorar el equilibrio y disminuir algunos efectos secundarios. Este enfoque se está incorporando cada vez más como parte integral del tratamiento.
Las recomendaciones de actividad física para quienes viven con Parkinson incluyen varios tipos de ejercicios que, combinados, aportan más beneficios:
- Aeróbicos: caminatas rápidas, bicicleta o natación, al menos tres días por semana.
- Entrenamiento de fuerza: ejercicios con pesas o resistencia, en sesiones dos o tres veces por semana.
- Estiramientos: movimientos suaves diarios para mejorar la flexibilidad.
- Ejercicios de equilibrio y agilidad: yoga, tai chi, danza o actividades que desafíen la estabilidad.

Los estudios manifiestan que estas rutinas deben personalizarse según la etapa de la enfermedad y las capacidades de cada persona, siempre con apoyo profesional cuando sea necesario. Además, señalan que el ejercicio regular no solo mejora la movilidad física, sino que también puede tener efectos positivos en aspectos como el estado de ánimo, la energía diaria y la función cognitiva.
Finalmente, especialistas subrayan que mantener una vida activa ayuda a conservar la independencia y puede disminuir la progresión de algunos síntomas. Por consiguiente, las nuevas guías ponen especial énfasis en adaptar las actividades al nivel individual, con progresiones graduales y atención a la seguridad y, aunque el Parkinson sigue siendo un desafío médico, incorporar movimiento de forma constante es una herramienta poderosa para quienes enfrentan esta condición.
Dayineth Isabel Molina Velásquez




