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26 marzo, 2026Cada 26 de marzo, el mundo se une en torno al Día Púrpura, una jornada dedicada a visibilizar la epilepsia, combatir los estigmas y promover la inclusión de quienes viven con esta condición neurológica. Sin embargo, en Colombia, la conmemoración de este año llega acompañada de una creciente preocupación: la escasez de medicamentos esenciales que pone en riesgo la salud de miles de pacientes.
La epilepsia es uno de los trastornos neurológicos más comunes en el mundo. Se caracteriza por la aparición de crisis recurrentes provocadas por descargas eléctricas anormales en el cerebro. Estas crisis pueden manifestarse de diversas formas: desde convulsiones visibles hasta episodios más sutiles como ausencias o alteraciones sensoriales.
Aunque en muchos casos puede ser controlada con tratamiento farmacológico, la falta de información sigue siendo uno de los principales desafíos. Mitos y prejuicios han llevado históricamente a la discriminación de los pacientes, afectando su acceso a educación, empleo y vida social.
El Día Púrpura, creado en 2008, busca precisamente cambiar esa realidad. A través de campañas educativas y actividades públicas, se promueve el conocimiento sobre la enfermedad y se invita a la sociedad a mostrar apoyo vistiendo de color morado. Los especialistas coinciden en que, con un diagnóstico oportuno y un tratamiento adecuado, hasta el 70 % de las personas con epilepsia puede controlar sus crisis. Para ello, es fundamental el uso continuo de medicamentos anticonvulsivantes, los cuales actúan regulando la actividad eléctrica del cerebro.

Sin embargo, la interrupción del tratamiento incluso por cortos periodos puede tener consecuencias graves. La reaparición de crisis no solo deteriora la calidad de vida del paciente, sino que también puede derivar en complicaciones médicas de alto riesgo.
En este contexto, expertos en salud han encendido las alarmas en Colombia ante la falta de acceso a medicamentos para la epilepsia. De acuerdo con reportes recientes, pacientes que llevaban años estables han sufrido recaídas debido a la interrupción de sus tratamientos.
La situación es especialmente crítica en casos de epilepsia de difícil control, donde la suspensión de fármacos puede desencadenar crisis severas que requieren hospitalización. Incluso, se han registrado ingresos a unidades de cuidados intensivos, un escenario que pudo evitarse con el suministro oportuno de los medicamentos.
Médicos y asociaciones de pacientes advierten que esta problemática refleja fallas estructurales en el sistema de salud, particularmente en la distribución y disponibilidad de tratamientos esenciales.

Para los especialistas, el Día Púrpura no debe quedarse en un gesto simbólico. Si bien la sensibilización social es fundamental, también es necesario garantizar condiciones reales para el tratamiento y la atención integral de los pacientes.
Esto implica no solo asegurar el acceso continuo a medicamentos, sino también fortalecer la educación en salud, mejorar los diagnósticos y eliminar las barreras que aún enfrentan las personas con epilepsia.
La coincidencia entre la conmemoración del Día Púrpura y la crisis en el acceso a tratamientos deja en evidencia una realidad compleja: mientras se avanza en la visibilización de la epilepsia, persisten desafíos críticos en la garantía del derecho a la salud.
En ese sentido, expertos hacen un llamado a las autoridades para tomar medidas urgentes que eviten que la falta de medicamentos siga poniendo en riesgo la vida de los pacientes. Porque más allá del color morado, la verdadera conciencia sobre la epilepsia se construye con acciones concretas que permitan a quienes viven con esta condición llevar una vida digna y segura.
Paola Martínez Burgos




