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La mesa de negociación entre el Gobierno Nacional y el Clan del Golfo entró en un punto crítico tras el anuncio de la delegación de esa organización de suspender de manera provisional las conversaciones de paz. La decisión se conoció este miércoles, luego de que el presidente Gustavo Petro confirmara en Estados Unidos un compromiso con la administración de Donald Trump para capturar, en un plazo de dos meses, a varios cabecillas del narcotráfico en Colombia.
En su intervención, el mandatario reveló que “entregó los nombres de tres capos del narcotráfico en Colombia: alias Pablito, Iván Mordisco y Chiquito Malo. El Gobierno se comprometió a neutralizarlos en dos meses, según acuerdo con Trump”. Un anuncio que generó una reacción inmediata en la delegación del Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), también conocido como Clan del Golfo, que participa en los diálogos exploratorios con el Ejecutivo.
Por orden del Estado Mayor Conjunto, la delegación del EGC informó que “suspenderá provisionalmente las conversaciones con el Gobierno para realizar consultas y aclarar la veracidad de la información”. La organización armada señaló que la decisión busca establecer si el compromiso anunciado por el presidente Petro afecta directamente los acuerdos alcanzados en el marco de las negociaciones de paz.
En un comunicado, el grupo armado expresó: “Si la información de los medios es cierta, esto sería un atentado contra la buena fe y los compromisos de Doha. El único grupo armado que ha cumplido y honrado sus compromisos es el Ejército Gaitanista de Colombia”. Con estas palabras, la delegación cuestionó la coherencia del Gobierno frente a los compromisos adquiridos en escenarios internacionales y puso en duda la continuidad del proceso.
La suspensión de la mesa ocurre en un momento de creciente presión internacional sobre las estructuras criminales en el país. Estados Unidos ha insistido en la captura de cabecillas vinculados al narcotráfico, mientras que el Gobierno colombiano mantiene la estrategia de “paz total” como eje central de su política de seguridad. La tensión entre ambos enfoques se refleja ahora en la crisis de las conversaciones con el Clan del Golfo.
El futuro de la negociación ahora es incierto. Mientras el Gobierno defiende que las operaciones contra los cabecillas son necesarias para garantizar la cooperación internacional, la delegación del Clan del Golfo reitera que cualquier acción militar contra sus líderes constituye una ruptura de confianza. La decisión de suspender las conversaciones abre un nuevo capítulo en el proceso, marcado por la desconfianza y la necesidad de aclarar los alcances reales del compromiso anunciado por el presidente Petro en territorio estadounidense.
Juan Joya




