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Cada régimen se labra su propio destino. Cada gobernante es propietario de sus andanzas. Y cada séquito o sanedrín puede escudar al iluminado, o retirarse a tiempo de la debacle para salvar su propio pellejo.
Es decir que, en el fondo, auscultando la práctica histórico - política, podemos identificar cuatro modelos transicionales, o de gestión, para superar, o agudizar, una crisis sistémica de gobernabilidad como la que en estos momentos vive España ( tan solo para poner un ejemplo ).
De tal modo, esta columna es una invitación a que el lector, de acuerdo con sus circunstancias, o frente a una caso particular que quiera someter a este escrutinio académico y funcional, explore las alternativas a las que su propia realidad se ve abocada.
1- El modelo de la responsabilidad decente, o sea, la renuncia oportuna que facilita, sin miedo y con entereza, las investigaciones y la aplicación de justicia, garantizando así la estabilidad democrática ;
2- El de la reluctancia inercial, es decir, un “dejar hacer, dejar pasar”, mediante la dilación socarrona y toda suerte de argucias legales y populistas, con lo cual, los países caen en una especie de inmovilismo, estancamiento, declive y parálisis sectorial, algo así como un “limbo operacional” propio de toda kakistocracia que, per se, concuerda con la noción de democracia iliberal ;
3- El de la reticencia, renuencia y evasión de la responsabilidad que, por ende, obstruye, dificulta y entorpece las investigaciones y la aplicación de justicia, algo así como la apelación implícita o explícita del gobernante a que “el Estado soy yo” y a que, “como aquí estoy, aquí me quedo”, con lo cual, se genera la inestabilidad democrática crónica que abre el paso a una auténtica anocracia. Y, por último,
4- El modelo de la aversión a la democracia, esto es, la práctica que, de tentación autoritaria latente, desemboca tarde o temprano en el autogolpe de Estado, causándose así la inestabilidad democrática crónica, prolongada, traumática y, eventualmente violenta ( distinguiendo, por supuesto, entre la violencia legítima y la ilegítima ), de tal forma que el régimen :
( a ) Se derrumba, y sus protagonistas son llevados ante la justicia ;
( b ) Sobrevive, mediante apoyos relativos tanto internos como externos hasta que la presión lo derriba y los protagonistas huyen, buscando refugio en un país amigo que les ofrezca, a manera de cómplice gratitud, una “salida digna” ( sol, playa y manutención familiar ) ;
( c ) Busca perpetuarse mediante la detentación del poder, la violencia despótica indiscriminada ( genocidios, o etnocidios ) convirtiéndose en una autocracia a toda prueba, o
( d ) Logra permanecer en el poder por un periodo más o menos largo hasta que la combinación de esfuerzos internos y externos lo evapora, generalmente, con episodios ciertamente conmovedores, tal como sucedió con Muamar Gadafi, Nicolae Ceausescu y Sadam Husein ( en su ratonera ).
vicentetorrijos.com

