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15 octubre, 2025En los últimos tiempos ha ganado popularidad la práctica de los baños con agua fría, también conocida como “cold plunge”, la cual consiste en sumergirse en agua entre 10 °C y 15 °C durante unos minutos. Según medios especializados en salud y deporte, ese choque térmico controlado podría traer ciertos efectos positivos tanto físicos como mentales. Sin embargo, esta tendencia también despierta dudas y precauciones por los posibles riesgos en personas con condiciones de salud preexistentes.
El portal Men’s Fitness revela investigaciones científicas recientes que señalan los beneficios de hacer esta actividad. Los más frecuentes tratan sobre el efecto en el bienestar mental. Algunas revisiones científicas sugieren que la exposición al agua fría puede asociarse con una reducción de síntomas de ansiedad y depresión, y con una sensación subjetiva de mayor alerta. El mecanismo propuesto incluye una activación del sistema nervioso simpático y un incremento de neurotransmisores como la noradrenalina. Aun así, los expertos advierten que aún no hay suficientes estudios controlados para confirmar esos efectos a largo plazo en la población general.
Desde el punto de vista del rendimiento físico, los baños con agua fría han sido adoptados por atletas con la expectativa de mejorar la recuperación tras el ejercicio intenso. La teoría es que la vasoconstricción inicial seguida de una reapertura vascular podría facilitar la eliminación de residuos metabólicos y disminuir la inflamación muscular. No obstante, algunos científicos debaten si estos efectos realmente superan a otras estrategias de recuperación convencionales, como el descanso activo o terapias de compresión.

Para comprender lo que sucede en el cuerpo, la inmersión en agua fría inicia una serie de respuestas fisiológicas. En el primer contacto, los vasos sanguíneos periféricos se constriñen, redirigiendo la circulación hacia órganos vitales. También se desencadena la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, liberando hormonas del estrés que inducen un estado de alerta. A nivel celular, la exposición al frío podría estimular mecanismos antioxidantes y antiinflamatorios, lo que ayuda a restablecer el equilibrio interno.
Sin embargo, no todo es beneficioso ni seguro si no se aplica correctamente: En personas con antecedentes de enfermedades cardíacas, trastornos circulatorios, hipertensión u otros factores de riesgo, la inmersión súbita en agua fría puede desencadenar arritmias o síncopes. Las recomendaciones incluyen empezar de forma gradual, no permanecer demasiado tiempo bajo el agua fría y consultar al médico antes de intentarlo. Asimismo, jamás debe hacerse sin supervisión cuando hay condiciones clínicas de base.
En cuanto a la evidencia científica disponible, los expertos son cautelosos. Si bien hay estudios prometedores que apuntan a efectos positivos en bienestar percibido y recuperación muscular, todavía faltan investigaciones con muestras amplias, criterios homogéneos y seguimiento prolongado. Hasta que eso esté claro, los baños con agua fría pueden considerarse una herramienta complementaria, no una solución mágica. Lo importante es aplicar esta práctica con prudencia, escuchando al cuerpo y respetando los límites individuales.
Dayineth Isabel Molina Veásquez




