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El Banco de la República decidió endurecer su política monetaria y aumentar en 100 puntos básicos su tasa de interés de intervención, que ahora se ubica en 11,25%. La medida se tomó en medio de un contexto de inflación persistente y de señales económicas que, según la entidad, obligan a mantener una postura restrictiva para evitar mayores presiones sobre los precios.
La decisión no fue unánime. Cuatro miembros de la Junta Directiva votaron a favor del incremento, mientras dos propusieron reducir la tasa en 50 puntos básicos y uno planteó mantenerla sin cambios. Este resultado refleja un debate interno dividido sobre el momento económico del país y el camino más adecuado para equilibrar inflación y crecimiento.
El principal argumento del Banco es que la inflación no ha cedido como se esperaba. Según explicó, en enero se ubicó en 5,4% y en febrero en 5,3%, niveles superiores al 5,1% registrado al cierre de 2025. A esto se suma que la inflación básica —que excluye alimentos y precios regulados— también viene en aumento y se mantiene por encima del 5%, lo que evidencia que las presiones inflacionarias siguen siendo amplias y persistentes.
En ese panorama, la entidad optó por subir la tasa para encarecer el crédito, reducir el consumo y moderar la demanda en la economía, con el objetivo de llevar la inflación hacia su meta del 3% anual. La tasa de intervención es el principal instrumento del banco central para lograrlo: es el interés al que le presta dinero a las entidades financieras a corto plazo y sirve como referencia para el resto del sistema financiero.
Lo que significa en otras palabras, que cuando el Banco sube esta tasa, los créditos en la economía tienden a encarecerse. Préstamos de consumo, hipotecarios y tasas de tarjetas de crédito suelen subir, afectando tanto a hogares como a empresas. Al mismo tiempo, esta herramienta también influye en la cantidad de dinero que circula en la economía, permitiendo al Banco retirar o inyectar liquidez según sea necesario.
La decisión se dio además en medio de un fuerte desacuerdo con el Gobierno. El ministro de Hacienda, Germán Ávila Plazas, se retiró de la reunión de la Junta Directiva en rechazo a la propuesta de aumento. “Esta propuesta afecta de manera sensible y sostenida el esfuerzo de mantener la senda del crecimiento económico”, afirmó, al advertir que una tasa más alta podría frenar la actividad productiva.
El ministro fue más allá y calificó la decisión como desproporcionada frente al contexto económico. “Es un despropósito plantear el alza de los tipos en un momento complicado para la economía mundial”, señaló, al cuestionar el criterio de los miembros que respaldaron el incremento. Según su posición, una tasa en 11,25% podría “afectar de manera sostenida y significativa las dinámicas de la economía del país”.
Una jornada que deja en evidencia un choque de fondo entre dos visiones económicas. Por un lado, el Banco de la República mantiene su prioridad en controlar la inflación, incluso a costa de desacelerar la economía. Por el otro, el Gobierno advierte que el endurecimiento de la política monetaria puede frenar el crecimiento en un momento clave. La decisión, además de sus efectos económicos inmediatos, refleja un debate abierto sobre el rumbo que debe tomar la economía colombiana.
Juan Joya




