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1 septiembre, 2026El proceso permitió aprovechar cerca de 50 kilos de residuos del sector curtidor y crear productos con identidad regional.
17 emprendedores convirtieron retales de cuero en oportunidades de negocio tras culminar el curso “Fortalecimiento para el Aprovechamiento de Retales de Cuero”, impulsado por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) y la Universidad Jorge Tadeo Lozano. La certificación se realizó este 1 de septiembre en Bogotá.
Durante la formación, los participantes aprovecharon cerca de 50 kilogramos de retales de cuero provenientes del sector curtidor y los transformaron en productos con potencial comercial. El proceso buscó reducir residuos y abrir nuevas alternativas productivas para comunidades de la región.
Del residuo al emprendimiento
El curso permitió a los emprendedores fortalecer conocimientos en economía circular, diseño, patronaje y técnicas artesanales, además de trabajar en desarrollo de productos, acabados, costos y estrategias de comercialización.
Las herramientas adquiridas están orientadas a que los participantes puedan mejorar sus iniciativas productivas y encontrar nuevos mercados, mientras disminuyen el impacto asociado a los residuos generados por la actividad curtora.
Los productos desarrollados incorporaron elementos inspirados en la biodiversidad, los paisajes, la cultura y el patrimonio de Villapinzón y Chocontá, municipios reconocidos por su actividad relacionada con el sector del cuero.
La apuesta combina sostenibilidad e identidad territorial. Los emprendedores encontraron en materiales que antes eran considerados desechos una posibilidad para crear productos diferenciados y fortalecer sus negocios.
Una alternativa para proteger el territorio
El aprovechamiento de los retales también tiene una dimensión ambiental. La formación busca promover prácticas que reduzcan la generación de residuos y contribuyan al cuidado de fuentes hídricas como el río Bogotá, relacionadas con las dinámicas ambientales de la región.
Nidia Clemencia Riaño, subdirectora General de Cultura y Gobernanza Ambiental de la CAR, resumió el propósito del proceso al afirmar que “la economía circular cobra sentido cuando se convierte en una oportunidad real para las comunidades”.
La funcionaria agregó que los participantes demostraron que es posible convertir residuos en nuevas oportunidades de desarrollo, innovación y sostenibilidad, mientras fortalecen capacidades para construir modelos de negocio responsables.
Emprendedores ven una oportunidad comercial
Para Diana Benavides, una de las emprendedoras certificadas, el proceso permitió cambiar la percepción sobre los materiales utilizados. “Los retales de cuero no son un residuo, sino una oportunidad para innovar”, expresó durante la ceremonia.
Benavides señaló que ahora cuentan con más herramientas para competir en el mercado y, al mismo tiempo, aportar al cuidado ambiental. El aprendizaje busca que los productos desarrollados puedan pasar de la formación a una actividad comercial sostenible.
La certificación representa así un punto de partida para los 17 participantes. El reto será llevar las capacidades adquiridas a negocios que generen ingresos y mantengan el aprovechamiento de materiales dentro de sus procesos productivos.
La economía circular busca quedarse en la región
La CAR plantea continuar utilizando la economía circular como una herramienta para fortalecer las capacidades productivas de las comunidades y reducir la presión sobre los recursos naturales.
El proceso desarrollado con la Universidad Jorge Tadeo Lozano muestra una ruta que puede replicarse en otros sectores y municipios: convertir residuos en productos con valor ambiental, social y económico.
Para Villapinzón y Chocontá, la continuidad de este tipo de iniciativas podría ampliar las oportunidades para emprendedores vinculados al sector del cuero y consolidar modelos productivos que aprovechen los materiales descartados. El desafío será conectar esas iniciativas con mercados que permitan convertir la sostenibilidad en ingresos y empleo local.
Sala Digital Colmundo




