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30 julio, 2026El destino turístico de Zipaquirá impulsa un modelo que combina conservación, sostenibilidad y desarrollo económico a 180 metros bajo tierra.
La Catedral de Sal de Zipaquirá consolida su modelo de turismo sostenible con una estrategia que busca proteger uno de los patrimonios más representativos de Colombia mientras continúa recibiendo a cientos de miles de visitantes nacionales e internacionales cada año. El complejo, ubicado a 180 metros bajo tierra, enfrenta el reto de equilibrar la alta demanda turística con la conservación de un entorno único.
Construida en el interior de una antigua mina de sal, la Catedral de Sal ofrece una experiencia que integra historia, arquitectura, cultura, espiritualidad y naturaleza. Esa singularidad convierte su operación en un desafío permanente, ya que preservar la infraestructura subterránea exige medidas de conservación que acompañen el crecimiento del turismo.
La sostenibilidad hace parte de la estrategia institucional mediante el programa “Catedral de Sal protege, sostiene y renueva”, una iniciativa que incorpora acciones de preservación ambiental, responsabilidad social y desarrollo económico. El propósito es que la actividad turística no solo garantice la protección del patrimonio, sino que también beneficie al municipio y a su comunidad.
La profundidad del complejo turístico representa uno de los mayores desafíos de conservación. Mantener las condiciones del espacio mientras recibe un flujo constante de visitantes exige una gestión especializada que permita proteger la infraestructura y mejorar, al mismo tiempo, la experiencia de quienes recorren sus galerías.
El modelo de desarrollo de la Catedral se apoya en tres dimensiones de sostenibilidad: ambiental, social y económica. Este enfoque busca reducir el impacto sobre el entorno, fortalecer la relación con la comunidad y generar oportunidades para la economía local, consolidando un turismo que trasciende la visita al monumento.
La apuesta también beneficia a sectores como la gastronomía, el comercio, el transporte, el alojamiento y los servicios turísticos de Zipaquirá, que encuentran en la llegada de visitantes una fuente de dinamismo económico. El crecimiento del turismo se convierte así en un motor para el desarrollo del territorio, más allá del atractivo patrimonial.
La gerente Yenny Páez Sabogal resume ese desafío al señalar que “el verdadero desafío de un destino como la Catedral de Sal es lograr un equilibrio entre recibir al mundo y preservar aquello que hace único a este lugar”. Agrega que “la sostenibilidad implica pensar en el visitante de hoy, pero también en las generaciones que mañana tendrán la oportunidad de conocerlo”.
En un contexto donde los viajeros buscan experiencias auténticas y con impacto positivo, la Catedral de Sal de Zipaquirá apuesta por convertir la sostenibilidad en parte esencial de la visita. Si ese modelo continúa fortaleciéndose, el emblemático destino podría consolidarse como un referente internacional de turismo sostenible, demostrando que es posible proteger el patrimonio mientras se impulsa el desarrollo de toda una región.
Sala Digital Colmundo




