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7 abril, 2026¿Se debilita realmente Los Espartanos o se reorganiza su estructura tras la captura?
En la zona rural de Paurito, a unos 30 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, la policía boliviana cercó una vivienda donde, según las primeras investigaciones, un grupo de colombianos se había reunido para celebrar un cumpleaños. Lo que en principio parecía una fiesta privada terminó en un intercambio de disparos cuando los uniformados intentaron ejecutar un allanamiento. El saldo fueron 13 personas capturadas, entre ellas Jorge Isaac Campas Jiménez, alias ‘Mapaya’, señalado como el máximo cabecilla de Los Espartanos, una de las estructuras criminales más violentas del puerto de Buenaventura, en el Valle del Cauca.
El comandante departamental de la Policía boliviana, coronel David Gómez, relató la secuencia de los hechos con crudeza operativa: “Cuando ingresamos al lugar, estos señores empezaron a disparar a nuestros efectivos policiales”. Pese al cruce de disparos, las autoridades confirmaron que no hubo personas heridas y que los agentes lograron controlar la situación rápidamente. En el lugar fueron incautadas tres armas de fuego, entre ellas dos pistolas calibre 9 mm, y se verificó que 11 de los detenidos tenían nacionalidad colombiana y antecedentes judiciales. Las otras dos personas capturadas son bolivianas, una de ellas una mujer.
Alias ‘Mapaya’ no era un desconocido para las autoridades colombianas. De acuerdo con los archivos judiciales, Campas Jiménez ya había sido capturado en 2017, pero obtuvo el beneficio de casa por cárcel. En 2021 se fugó y desde entonces se manejaba la hipótesis de que había salido del país. Su nombre volvió a estar en el centro de la escena criminal cuando la gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, ofreció una recompensa de 200 millones de pesos por información que permitiera ubicar a varios cabecillas de Los Espartanos y de su estructura rival, Los Shottas.

“Se constituye en un sujeto altamente peligroso y pertenecería al grupo delincuencial denominado Los Espartanos”, afirmó el coronel David Gómez al confirmar la identidad del capturado. El jefe de la Policía boliviana añadió que este operativo es parte de “un trabajo arduo” para desarticular organizaciones criminales que buscan operar en Santa Cruz. Las autoridades investigan si los detenidos usaban documentos falsos, un elemento que podría agravar su situación judicial.
La captura de alias ‘Mapaya’ no es un hecho aislado. Se registra en medio de una cruenta disputa territorial en Buenaventura, donde Los Espartanos se enfrentan a Los Shottas por el control de economías ilícitas como narcotráfico, extorsión y minería ilegal. Esta guerra ha dejado decenas de muertos, desplazamientos forzados y una creciente militarización de barrios populares en el puerto.
En paralelo a esta pugna, alias ‘Mapaya’ había enviado una carta al gobierno del presidente Gustavo Petro en la que solicitaba ser tenido en cuenta dentro de la estrategia de ‘paz total’. Buscaba regresar a Colombia y acceder a beneficios judiciales, una petición que se conoció meses antes de su captura. El contraste es evidente: mientras pedía un lugar en la negociación, fue capturado en medio de un operativo armado en Bolivia.
El parte oficial de la Policía boliviana detalla que, además de alias ‘Mapaya’, fueron capturados otros diez ciudadanos colombianos con antecedentes judiciales. Según el reporte, el grupo haría parte de redes criminales que operan en la región cruceña, un corredor estratégico para el tráfico de drogas y armas hacia el Cono Sur. Los detenidos fueron trasladados a celdas de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc), donde un juez definirá su situación legal por delitos de organización criminal y porte ilegal de armas.
Las autoridades bolivianas no descartan que en los próximos días surjan más capturas relacionadas con este entramado ilegal. Cabe recordar que hace unas semanas, en España, fue capturado alias ‘Diego Optra’, señalado como uno de los principales cabecillas de Los Shottas. Ambas estructuras han sufrido golpes casi simultáneos en sus cúpulas, un hecho sin precedentes en la guerra por el control del puerto.
Se abre ahora un posible vacío de poder en Buenaventura, que podría derivar en una reorganización violenta de los grupos que aún se disputan el territorio o, por el contrario, en una oportunidad para que la fuerza pública recupere zonas históricamente controladas por el crimen. Lo cierto es que ni ‘Mapaya’ ni sus hombres podrán, por ahora, aspirar a la ‘paz total’ desde una celda en Bolivia.
Juan Joya




