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Cuba atraviesa una de las crisis energéticas más profundas de las últimas décadas. En los últimos 18 meses se han registrado seis apagones nacionales, y el colapso de la red eléctrica el pasado lunes dejó a cerca de diez millones de personas sin suministro. La escasez de combustible, agravada por el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos desde enero de 2024, ha paralizado sectores clave de la economía y ha incrementado el malestar social.
En este contexto, el presidente estadounidense Donald Trump ha intensificado su presión sobre el gobierno de Miguel Díaz-Canel. “Tomar Cuba, eso es un gran honor”, declaró en la Oficina Oval, al tiempo que aseguró que “puede hacer con ella cualquier cosa que quiera”. El mandatario republicano ha reiterado que el gobierno de La Habana “caerá muy pronto” y ha planteado la posibilidad de que Díaz-Canel abandone el poder como parte de contactos bilaterales.
Las tensiones se han visto reflejadas en las calles de la isla, donde ciudadanos, cansados de los apagones constantes, han salido a protestar golpeando ollas y sartenes frente a edificios públicos y universidades. El descontento social se suma a la caída del turismo y al retiro de personal extranjero, en medio del deterioro de las condiciones de vida en el país.
Mientras tanto, La Habana ha enviado un mensaje a los exiliados cubanos. El viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior e Inversión, Óscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel Castro y Raúl Castro, afirmó en televisión que los emigrados “son bienvenidos a invertir en la isla”. Por primera vez, se plantea que puedan poseer negocios de manera abierta, participar en proyectos de infraestructura y mantener cuentas en bancos estatales.
La propuesta, sin embargo, genera divisiones en la comunidad cubanoamericana. Algunos ven en ella una oportunidad económica, mientras otros insisten en que antes deben producirse reformas políticas y legales de gran alcance. “La isla ha llegado a ese momento en que el emperador está desnudo… tenemos una gran oportunidad de rehacerlo”, señaló Pedro Freyre. En contraste, disidentes como Alejandro González Raga, exiliado en España tras la “Primavera Negra” de 2003, recuerdan que muchos opositores aún tienen prohibido regresar
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El panorama se complica con las negociaciones discretas entre ambos gobiernos. Díaz-Canel reconoció por primera vez que existen conversaciones con Washington, aunque el canciller Bruno Rodríguez Parrilla aclaró que “no involucran de ninguna manera los asuntos internos ni los modelos políticos, económicos y sociales”. Pese a ello, fuentes estadounidenses consideran que el presidente cubano es un obstáculo para el cambio y que su salida podría facilitar transformaciones económicas que hasta ahora no han prosperado.
Juan Joya




