
Con “Todos Somos Colombia”, Jorge Iván Mina busca representar a comunidades negras en el Congreso
24 octubre, 2025
Judicializan a alias “El Caleño”, octavo implicado en magnicidio de Miguel Uribe; fiscal del caso habría recibido amenazas
25 octubre, 2025El reciente revuelo político en Colombia por la inclusión del presidente Gustavo Petro en la llamada “Lista Clinton” ha puesto sobre la mesa el inmenso poder y las profundas consecuencias de este instrumento de la política exterior estadounidense. La designación en la Lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN) de la OFAC no es una simple reprimenda diplomática; es un torpedo a la línea de flotación de cualquier figura en el sistema global. Esta herramienta del Departamento del Tesoro bloquea activos y prohíbe transacciones, aislando financieramente a quienes Washington considera una amenaza. Para cualquier líder, aparecer aquí significa, en la práctica, quedar virtualmente excluido del sistema financiero internacional basado en el dólar.
Al observar la compañía en la que ahora se encuentra el mandatario colombiano, la dimensión del gesto se amplifica. Petro no es un caso aislado, sino que se suma a un exclusivo y temible club de gobernantes sancionados. La lista incluye a figuras de un perfil geopolítico y de acusaciones muy distintas, pero unidas por esta misma medida coercitiva. Entre ellos, destaca el presidente venezolano Nicolás Maduro, de quien el Departamento del Tesoro afirma que está sancionado junto a su cúpula por “participar en operaciones de narcotráfico, lavado de dinero y graves abusos contra los derechos humanos”.
En el mismo grupo se encuentra la dupla que gobierna Nicaragua. Daniel Ortega y Rosario Murillo enfrentan sanciones que Washington justifica por la “represión a manifestantes, la persecución política y el control fraudulento de los procesos electorales”. Las medidas contra ellos buscan inmovilizar sus activos en el extranjero y cortar cualquier apoyo financiero internacional. Este patrón de sanciones por supuesta represión interna y autoritarismo es recurrente en la lista, mostrando una clara línea de la política exterior norteamericana.
Sin embargo, las sanciones también se activan por agresiones de escala internacional. La ofensiva militar contra Ucrania en 2022 colocó al presidente ruso, Vladimir Putin, y a su círculo íntimo en el punto de mira de la OFAC. Las medidas impuestas congelan todos sus bienes bajo jurisdicción estadounidense y prohíben cualquier operación financiera con entidades de ese país, en un intento por estrangular económicamente el esfuerzo bélico del Kremlin. Un destino similar comparte el bielorruso Alexander Lukashenko, sancionado específicamente por su papel de apoyo a la invasión rusa.
La lista se extiende hacia otros regímenes considerados parias por la comunidad occidental. Corea del Norte y su líder, Kim Jong-un, enfrentan sanciones por el desarrollo de armamento nuclear y graves abusos contra los derechos humanos, con un cerco económico reforzado desde 2016. De igual modo, el sirio Bashar al-Assad fue incorporado al listado tras las denuncias de atrocidades en la guerra civil, incluyendo “la ejecución de ataques contra civiles y el empleo de armas químicas”.
La inclusión de Petro en esta galería de líderes sancionados plantea un interrogante estratégico de primer orden para Colombia. Más allá de la lectura política interna, su presencia en esta lista junto a nombres como Maduro, Putin y Assad redefine la relación bilateral con Estados Unidos y proyecta una sombra sobre la solvencia internacional del país. La “Lista Clinton” demuestra, una vez más, que es un arma diplomática de alto calibre, y que quien entra en ella, por la razón que sea, queda marcado con un fuego que trasciende las fronteras.
Humberto ‘Toto’ Torres




