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5 septiembre, 2025La controversia diplomática se da ante las diferencias entre los Estados miembros sobre el papel de EE. UU. en la región y sobre el alcance de la concertación política en América Latina.
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) celebró una reunión extraordinaria de cancilleres en respuesta al despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, cerca de las costas venezolanas. El encuentro, convocado por la presidencia pro tempore del bloque, actualmente en manos de Colombia, tuvo como objetivo evaluar el impacto regional de la operación naval estadounidense y definir una postura conjunta.
Durante la sesión, se presentó un borrador de comunicado que expresaba preocupación por la presencia de destructores, submarinos nucleares y cruceros lanzamisiles en aguas del Caribe. La operación, según el Comando Sur de EE. UU., forma parte de una estrategia de interdicción marítima contra el narcotráfico. Sin embargo, varios gobiernos latinoamericanos la interpretan como una acción de presión geopolítica sobre Venezuela y una amenaza a la estabilidad regional.
El texto reafirma que América Latina y el Caribe han sido declaradas zonas de paz, en virtud de acuerdos como el Tratado de Tlatelolco, que prohíbe la presencia de armas nucleares en la región. También se invoca el principio de no intervención, el respeto a la soberanía de los Estados y la solución pacífica de controversias, pilares del derecho internacional y de la diplomacia regional.
La propuesta fue respaldada por 21 países miembros de la CELAC: Antigua y Barbuda, Barbados, Belice, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Dominica, Granada, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Uruguay y Venezuela. Este grupo expresó su preocupación por la militarización del Caribe y llamó a fortalecer la cooperación regional frente al crimen organizado sin recurrir a intervenciones extranjeras.
No obstante, nueve países decidieron no respaldar el comunicado: Argentina, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Jamaica, Paraguay, Perú y Trinidad y Tobago. La falta de unanimidad impidió que el texto fuera adoptado como declaración oficial de la CELAC, lo que generó confusión sobre su carácter diplomático y sobre el nivel de respaldo real.
La controversia se intensificó cuando Guatemala y República Dominicana, inicialmente mencionados como firmantes, aclararon públicamente que no habían autorizado su adhesión al comunicado. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala señaló que su participación en la reunión no implicaba respaldo al texto, mientras que el canciller dominicano, Roberto Álvarez, afirmó que “nunca dimos consentimiento para la adhesión de nuestra firma”.
La presidencia pro tempore de Colombia reconoció que el comunicado no representa una posición institucional de la CELAC, sino una expresión conjunta de los países que decidieron suscribirlo. Esta aclaración fue clave para evitar una crisis diplomática mayor, pero también evidenció las limitaciones del bloque para emitir pronunciamientos consensuados en temas sensibles de seguridad hemisférica.
El episodio revela una fragmentación interna en la CELAC frente a asuntos que involucran actores extrarregionales como Estados Unidos. Mientras algunos países adoptan una postura crítica ante la presencia militar en el Caribe, otros prefieren mantener una posición neutral o evitar confrontaciones diplomáticas. Esta divergencia limita la capacidad del bloque para actuar como vocero unificado de América Latina y plantea interrogantes sobre su eficacia como mecanismo de concertación política.
La reunión extraordinaria, aunque convocada con carácter urgente, no logró consolidar una postura común. El comunicado difundido por Colombia como presidencia temporal del bloque se convirtió en un documento de adhesión voluntaria, sin fuerza vinculante ni respaldo institucional pleno. La situación pone en evidencia los desafíos estructurales de la CELAC para articular respuestas regionales frente a dinámicas geopolíticas complejas.
Juan Joya




