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El lunes 25 de agosto, el expresidente colombiano Iván Duque Márquez sostuvo una reunión en Jerusalén con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. El encuentro se realizó en el marco de una visita privada que incluyó al empresario Gabriel Gilinski y al exdirector del Departamento Administrativo de la Presidencia, Víctor Muñoz. La delegación fue presentada como parte de la Fundación I+D, creada por Duque, que promueve intercambios en innovación social y emprendimiento.
“Siempre es un honor visitar el Estado de Israel y dialogar con un cercano amigo y aliado del pueblo colombiano, el primer ministro Benjamin Netanyahu”, escribió Duque en sus redes sociales. Según el exmandatario, el objetivo del encuentro fue fortalecer la cooperación en innovación entre emprendedores de ambos países, en especial a través del programa Dreamers and Makers, que busca conectar jóvenes colombianos con ecosistemas tecnológicos internacionales.
La reunión se da en medio de un contexto diplomático complejo. Desde 2024, Colombia no mantiene relaciones oficiales con Israel, luego de que el gobierno del presidente Gustavo Petro decidiera romper vínculos en rechazo a la ofensiva militar en Gaza. El mandatario colombiano ha calificado las acciones del gobierno israelí como “genocidio” y ha respaldado iniciativas internacionales ante la Corte Penal Internacional. Además, se emitió un decreto que prohíbe la exportación de carbón colombiano hacia Israel, como parte de las sanciones diplomáticas.
La fotografía del encuentro entre Duque y Netanyahu generó una inmediata reacción por parte del presidente Petro. “Les importa nada que haya un genocidio, que mueran por hambre personas, que bombardeen niños, lo han hecho también en Colombia. Perdieron el corazón”, escribió el jefe de Estado en su cuenta oficial. La declaración fue interpretada como una crítica directa a Duque y a los empresarios que lo acompañaron.
Durante su visita, Duque afirmó que “la única manera de que haya paz en esa región es con la erradicación total de Hamas”, lo que fue interpretado como un respaldo explícito a la política militar de Netanyahu. La frase generó reacciones encontradas entre sectores políticos colombianos, que cuestionaron el tono y el momento del pronunciamiento. Aunque Duque ya no ejerce funciones oficiales, sus gestos pueden tener repercusiones diplomáticas y simbólicas.
La ausencia de Duque en los homenajes al senador Miguel Uribe, fallecido recientemente, fue también objeto de comentarios. Aunque varios líderes del Centro Democrático participaron en los actos conmemorativos, Duque no estuvo presente. La ceremonia fue considerada un momento clave para la bancada uribista, y su ausencia se interpretó como una señal de distanciamiento político o de prioridad en su agenda internacional.
Por un lado, Duque tiene el derecho de actuar como ciudadano libre y promotor de cooperación internacional. Sin embargo, este tipo de gestos pueden interferir con la política exterior oficial, especialmente en contextos de ruptura diplomática. “No se puede hablar de paz mientras se legitima la violencia estatal”, señaló un vocero del movimiento Colombia Humana.
La Fundación I+D, que acompañó la visita, promueve intercambios académicos y empresariales entre Colombia e Israel. En esta ocasión, Duque viajó con jóvenes del programa Dreamers and Makers, enfocado en emprendimiento e innovación. Sin embargo, el componente político de la reunión con Netanyahu eclipsó el resto de la agenda. “Estamos aquí para aprender de los ecosistemas de innovación más avanzados del mundo”, dijo uno de los participantes, citado por medios israelíes.
Mientras el gobierno insiste en mantener una postura crítica frente a Israel, sectores cercanos a Duque defienden la necesidad de mantener canales de cooperación. La discusión deja al descubierto las tensiones entre diplomacia oficial y gestos privados, y plantea interrogantes sobre el impacto político interno de este tipo de encuentros.
Juan Joya




