El conjunto Verdolaga, sin jugar bien pero con la jerarquía que lo caracteriza, se impuso en la tanda de penales a Bucaramanga, aumentando su hegemonía en el fútbol profesional colombiano.
En un juego muy similar al disputado hace una semana en Medellín, cortado, brusco, con poca continuidad, se definió por primera vez un título en Bucaramanga. La fiesta fue amarilla y verde, velada que expuso el sentido de pertenencia que tienen los hinchas leopardos por su ciudad y club. A pesar de la derrota, el conjunto leopardo se fue aplaudido por su afición, que rescata el esfuerzo y gallardía para llevar la serie a la tanda de penales. Aún siempre fuerte, ayer más individual que colectivo, Atlético Nacional.
A los 21 minutos, el juego, que hasta ese punto era un partido con buen ritmo, abierto y ligeramente inclinado hacia Bucaramanga, quien atacaba intensamente y por medio de las transiciones había hecho pasar trabajo al golero Harlen Castillo, cambió. El central Carlos Ortega, asesorado por el VAR, toma la decisión de expulsar a Aldair Gutiérrez por un cruce a Marino Hinestroza. La acción, que en primera instancia parecía una clara falta, se sancionó. Posteriormente, Heider Castro, a cargo del VAR, llama al central, quien se dirige a revisar la jugada y, de manera muy polémica y controversial, toma la decisión de expulsar al lateral del conjunto Leopardo. La justificación de su decisión no es clara, ya que no era último hombre, tampoco hubo fuerza desmedida, y algunos analistas lo asociaron a que cortó una acción deliberada de gol. Sin embargo, la línea y dirección de balón no aseguran que tuviera destino de portería.
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La acción, muy debatible, cambió el giro del partido. Florentín rápidamente replanteó y retrocedió a Flores para que tomara la posición por el carril. Así mismo, retrasó a Fabián Sambueza y lo comprometió aún más en marca. Arriba, Luciano Pons fue el único hombre que sobró, sacrificado todo el partido, jugando solo, peleando con los centrales y siempre en inferioridad numérica. La fuerza en ataque de Bucaramanga desapareció. El equipo interpretó que, en inferioridad numérica, no podía jugar de igual a igual con Nacional, como ocurrió en Medellín. El bloque del conjunto Leopardo se recostó en terreno propio, cortó el trámite del juego y le apostó, desde el minuto 21 de juego, a la definición por penales.
“Se lo dije a los chicos: al margen de que el rival se quede con uno menos, nosotros fuimos a buscar el partido siempre, con aciertos y errores, pero siempre lo buscamos. Por eso hay que felicitarlos, esto es gracias a ellos”, afirmó Javier Gandolfi.
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Nacional, quien jugó más de 100 minutos de la serie con un hombre más, no supo revalidarlo en el marcador. La falta de eficacia en Medellín y ayer, el orden y estructura de Bucaramanga, además de la falta de ideas ofensivas, impidieron que el Verdolaga sacara provecho de la superioridad. Muy limitado con la reducción de espacios, Nacional lo intentó por medio de la media distancia, pero no estuvo asertivo. Se asociaron, pero no se les caía una idea. Mucha posesión de balón, pero poca conversión. El hombre que intentó más, siendo verdaderamente influyente en ataque, fue Marino Hinestroza, quien jugó para su equipo y puso varios balones peligrosos que no fueron aprovechados.
Harlen Castillo, la gran figura en la tanda de penales
Ambos equipos, envueltos en una misma sinergia de choque, falta, balón parado y poca intensidad, llevaron el juego a la definición desde el punto blanco. Allí, quien es el tercer arquero de Nacional, Chipi-Chipi, fue el hombre que se robó el espectáculo. En su especialidad, y con antecedentes positivos como la definición desde los doce pasos que le dio el primer título de su historia a Deportivo Pereira, le atajó los cobros a Henao y Castañeda, para encaminar lo que terminaría siendo la consecución de un nuevo título para el conjunto Verdolaga, la cuarta Superliga de su historia.
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“Llegamos al club más grande de Colombia y no era fácil llegar. Hoy el resultado es positivo y creo que fue una prueba de fuego”, declaró Gandolfi.
El verde de Antioquia, que comenzó su historia como Atlético Municipal, sumó el título número 36 de su historia, la cuarta Superliga para igualar a Santa Fe como los máximos ganadores de este certamen, y revalidó que es el mejor equipo actualmente del balompié nacional, ganando los tres títulos locales en 53 días.
Alexander Cortés