
“Hoy ha ocurrido otro bombardeo ordenado por mí”: Petro confirma ataque contra las disidencias de alias Iván Mordisco
13 noviembre, 2025
Crédito de Juliana Guerrero no fue destinado a la Fundación San José, confirma el ICETEX
14 noviembre, 2025Cuatro décadas después de la tragedia de Armero, la herida sigue abierta. No solo por las más de 25.000 vidas que se perdieron bajo el lodo del Nevado del Ruiz, sino porque, como advierten los expertos, Colombia aún lucha contra su propia amnesia colectiva. La doctora Lina Marcela Castaño, vulcanóloga y coordinadora del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, habló con Colmundo Radio sobre los aprendizajes, los avances y las deudas que persisten desde aquel 13 de noviembre de 1985.
“Nos une un sentimiento solemne de honrar a las personas que murieron en ese evento catastrófico, pero que dieron lugar a algo muy importante para nosotros hoy como institución: el monitoreo volcánico”, expresó la especialista.
Según Castaño, la tragedia de Armero transformó la ciencia volcánica en el país, marcando el inicio de una vigilancia permanente sobre los volcanes activos. Sin embargo, el tiempo también ha hecho estragos en la memoria colectiva.
“Más que desconocido, lo que ocurre es que fácilmente perdemos la memoria de los eventos que nos han ocurrido”, advirtió. “Queremos que esa memoria perdure por siempre”.
En el marco de los 40 años de la catástrofe, el Servicio Geológico Colombiano organizó dos actos conmemorativos: uno en Ibagué, dirigido a comunidades, docentes y autoridades locales, y otro en Manizales, con enfoque técnico y de divulgación.
En el Tolima, el evento incluirá una muestra fotográfica, simulaciones de lahares y la presentación del documental Memoria, conciencia volcánica. En Armero-Guayabal, en tanto, se inaugurará una exposición que busca “honrar profundamente a quienes murieron y resaltar el valor de quienes aún recuerdan”.
De la tragedia a la tecnología
Lo que no existía en 1985 era la capacidad de alertar a tiempo. Castaño lo explica con claridad:
“Aunque se comenzó el monitoreo unos meses antes y había signos de que el volcán estaba cambiando, no fue posible tener el registro a tiempo. Hoy los datos llegan casi segundo a segundo, y podemos analizarlos con personal experto”.
El avance ha sido contundente: equipos de última tecnología, personal especializado y protocolos de alerta temprana que han evitado nuevas tragedias. “Es un proceso largo, pero se está haciendo y se sigue trabajando en ello”, subrayó la vulcanóloga. Sin embargo, reconoció que la comunicación con la comunidad sigue siendo el eslabón más frágil.
“En ese momento no hubo tiempo para explicar, para difundir información, para que las personas comprendieran en qué lugar vivían y qué podían hacer ante una eventual erupción”.
El presente del Nevado del Ruiz y la amenaza silenciosa del Machín
Castaño fue tajante al describir la situación actual:
“El volcán Nevado del Ruiz es activo y se encuentra en estado de alerta amarilla. Está por encima de los niveles base, aunque su actividad ha disminuido respecto al 2023”.
A pesar de esa reducción, el Ruiz sigue emitiendo ceniza y gases, por lo que el monitoreo debe continuar sin descanso.
Pero hay otro nombre que preocupa a los expertos: el volcán Cerro Machín, ubicado entre Cajamarca e Ibagué. Aunque más silencioso, su potencial destructivo es mayor.
“Una erupción del Machín sería devastadora. Está en el centro del país, rodeado de una alta densidad poblacional. Interrumpiría vías estratégicas como La Línea y podría causar un impacto crítico”, advirtió Castaño.
Los mitos que aún persisten
El desconocimiento también alimenta los rumores. Uno de los más extendidos, dice la vulcanóloga, es creer que si un volcán entra en actividad, los demás también lo harán.
“Cada volcán tiene su vida propia y sus manifestaciones. No significa que uno en alerta amarilla se comporte igual que otro”, aclaró.
El Ruiz, por ejemplo, mantiene emisiones constantes y un cráter abierto, mientras que el Machín está sellado por domos de lava y solo presenta fumarolas esporádicas.
Un país que aún debe recordar
A 40 años del desastre, la ciencia ha avanzado más que la memoria. Colombia aprendió a escuchar a sus volcanes, pero no siempre escucha sus advertencias.
Los sistemas de monitoreo son hoy un logro incuestionable, pero sin una ciudadanía informada y consciente, la historia podría repetirse.
“La memoria no puede ser solo un acto conmemorativo —dice Castaño—, tiene que ser una lección viva para todos los que habitamos bajo la sombra de un volcán activo.”
Humberto ‘Toto’ Torres




